sábado, 16 de abril de 2016

Espontáneo, abstracto, y único

Esa es mi opinión sobre las galerías de arte y el arte que se expone en ellas. Cualquiera sea la ciudad, las galerías de arte se van a ubicar espontáneamente, sea al lado de un Mc Donald's, un supermercado, o una oficina pública. Las galerías de arte van a estar desparramadas y acompañadas por locales mundanos.
Quizás no se exponga arte abstracto, pero abstracta fue la idea que tuvo el creador de la exposición. Sí, puede haber tenido un fin, pero el surgimiento de la idea, fue abstracto... Porque todas las ideas tienen algo de abstracción.
Y finalmente, cada una es única. Pueden ser en casas antiguas, en galpones viejos, en lugares hiper modernos y/o futuristas, o simplemente en lugares especialmente diseñados para albergar una galería o un museo. El entorno es lo que hace a cada una, un lugar único.

En mi caso, he visitado museos y galerías de arte. Lamentablemente, pasa mucho en Uruguay que los museos son ideados para que tengan una sola finalidad, y están organizados de una única manera. Sin embargo, algo distinto pasa con las galerías de arte. En el Pueblo Garzón, un pueblo ubicado en el medio del ondulado campo uruguayo, hay una galería, propiedad de una francesa, en la cual se expone arte abstracto creado por ella. ¿Cuál es la magia de ese lugar? Un galpón añejo fue reciclado para crear esta galería, y cualquier sea tu gusto, no se puede negar el esfuerzo que hay tanto en el reciclaje del sitio, como en el arte que ella expone. Otro caso sucede en el Barrio Peñarol, cercano a mi casa. Una vieja casona, de los tiempos del ferrocarril, fue convertida hace poco en un centro cultural, y se hizo una exposición de fotografías (porque la fotografía es un arte), sobre ballet, y por más que a mí no me gusta ni un poquito esa danza, debo admitir que la exposición es imperdible, como la galería lograda en sí.

La próxima vez que pienses en como usar tu tiempo libre, simplemente visitá la galería de arte más cercana que tengás.

sábado, 20 de febrero de 2016

FASHION POST: Mis items favoritos

Hacía tiempo no hacía un fashion post (post sobre moda) en el blog, por lo que hoy decidí hacerlo sobre mis prendas e items de moda en general, que puedo encontrar en mi armario. Espero lo disfruten, y ¿por qué no? Tomen algunas ideas...

MONO DERHY
Lo compré el año pasado, en mi viaje a Francia. Fue amor a primera vista, y lo considero mi prenda favorita en todo mi armario. Lo adquirí en las Galerias Lafayette por un precio de €81, y lo he usado en más de una oportunidad, ya sea para fiestas o cumpleaños. Quizás el dato más loco, ¡es que es considerado una prenda casual!

TÚNICA DESIGUAL
Si bien la mía no tiene exactamente el mismo diseño que la de la foto, el corte y color en sí son los mismos. Esta túnica cómoda y fresca, la compré en la única tienda Desigual del país, ubicada en una de las calles más exclusivas de Punta del Este. Su precio rondaba los $1500, pero sin dudas, su compra valió la pena, ya que este vestido me mantuvo cómoda durante mi visita al Punta del Este ePrix el pasado Diciembre.

BOTAS DE CHAROL
Cuando llegué a la caótica tienda de Lillywhites en Londres, iba con la intención de comprarme unas botas del mismo estilo, pero diferente estampado. Las que buscaba eran floreadas, pero dado que no había talle, terminé encontrando estas de charol, que simplemente me enloquecieron y sin dudas combinaban con más prendas. Las adquirí por £29, un precio por el que acá no se consigue calzado de este estilo, ni tampoco tanta variedad.

VESTIDO "GAMBO" DESIGUAL
¡Al fin una prenda formal! Conocí esta marca española en el Free Shop Neutral de la ciudad de Chuy, y me enamoré de esta prenda. La he usado en cumpleaños de quince, y también para salir a cenar. Es del estilo bodycon, por lo que no me permito comer mucho cuando la uso. Su precio ronda los U$S140.

CAMPERA LOTUS
Como mucha gente sabe, soy fanática del automovilismo y durante mi estadía en Londres, no podía dejar de visitar la tienda de la (ahora antigua) escudería inglesa. La campera, según dice su etiqueta, es unisex; y no puedo dejar de mencionar que le pone mucha onda a cualquier look en el que la use. Su precio era de £45.
 
 PERFUME HUGO BOSS "JOUR POUR FEMME"
Este perfume es el cielo, sin más que agregar. Es caro, sí, muy caro; pero realmente vale la pena. Lo consiguió mi padre, en Brasil, y realmente es el mejor perfume de todos los que tengo. Su precio es de U$S64.

MÁSCARA PARA PESTAÑAS LANCÔME "DOLL EYES"
Tras deseperadamente buscar un rímel de un color que realmente quedara bien con mis pestañas (son rubias), encontré esta máscara Lancôme de color marrón que realmente deja las pestañas como si fueran de muñeca, o en el mejor de los casos como la legendaria modelo Twiggy.

jueves, 7 de enero de 2016

De Pueblos Perdidos y Rutas Olvidadas: el Hotel

No importaba la época del año o como estaba el clima afuera, el hotel siempre tenía sus puertas abiertas, y sobre todo, siempre había cuartos ocupados.
Situado sobre una maltrecha ruta frecuentemente transitada, no estaba lejos del mar, aunque si en un punto perdido del mapa. Sus muros estaban bastante derruidos, las flores de los jardines crecían de forma despareja, y la infraestructura de las habitaciones era la misma de veinte años atrás.
Ella aún sigue sin recordar cuando fue la primera vez que lo visitó, tampoco se acuerda de cómo llegó hasta allí; pero sí sabe que nunca se olvidó de aquel lugar, y que volvió una y mil veces.
Al principio dudaba que aquel lugar fuese utilizado como prostíbulo por aquellas prostitutas que noche a noche hacían su trabajo sobre la carretera. Luego comprobó que no era así.
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Pasó un tiempo y comenzó a llamar al lugar el Hotel California, porque, tal como indicaba la canción, aquel lugar debía estar habitado por fantasmas. Pero luego corroboró que no era así, ya que los fantasmas no eran nítidos, y la gente del lugar sí lo era.
Muchas dudas fueron surgiendo en su cabeza, a medida que frecuentaba el hotel. Muchos eran los personajes que también lo hacían, y que había visto más de una vez.
Estaba un viejo hombre, que leía libros de páginas amarillentas, mientras esperaba quién sabe qué, sentado en una oxidada silla metálica. Más tarde se enteraría que aquel viejo, era un belga que por alguna extraña razón de la vida, había terminado en aquel paraje, y esperaba al menos a alguien que lo fuese a buscar. Un día apareció quien decía ser su mujer, y nunca más lo volvieron a ver por aquel lugar.
También estaba aquel hombre, de la habitación 42, que fumaba y llenaba los pasillos con olor a tabaco. Ahogaba en el cigarrillo, sus penas de una vida amorosa turbulenta, promesas que nunca fueron cumplidas, y olvidos que le costaron su soledad en un aislado punto.
Y por último estaba la señora de limpieza, que ocupaba una habitación de forma permanente; y era conocida por todo el pueblo. Marta. Su cabello era del color de la tinta que hubiese en el supermercado local. Sus rulos y su peinado en sí, los cuales parecían no haber progresado desde la década del ochenta; parecían ser lo único vivo en ella, quien amargamente limpiaba y aireaba las habitaciones, arreglaba lo que era necesario, y compraba lo que se precisaba.
Nuestra visitante conoció a cada uno de estos personajes que conformaban el tal moribundo hotel, cuando llegaba a este para pensar. Salir al pequeño fondo, sentarse en una mugrienta silla de plástico y mirar las estrellas a la noche, dormir largas siestas por la tarde, y caminar sin rumbo en las mañanas: todo eso hacía cuando llegaba, y lo había hecho más de una vez en su vida, sintiéndose perfecta consigo misma.

Un día, decidida a que aquel era el lugar donde le gustaría pasar el resto de sus días, bajó a la recepción, a preguntar si aquello era posible, y con una sonrisa, la encargada asintió.
—Otra más— murmuró, inquietando a nuestra protagonista.
—Otra más, ¿qué?
—Es el lugar que los atrae, ¿no es cierto? Les abre los ojos a muchas situaciones tan monótonas de la vida mundana en la ciudad. Las separa y les muestra la crudeza de una vida abrumada. No me diga que no es así, usted es otra que vino a este lugar y lo descubrió. Usted sabe el significado de una vida así. Bienvenida— y le fueron entregadas las llaves de su nueva vivienda.

viernes, 9 de octubre de 2015

Carta a alguien

Hace unos años atrás, me contaste acerca de mi futuro, tal vidente. Me enseñaste que mis talentos serían limitados, que tu destino sería mucho mejor que el mío. Yo te creía, porque todos lo hacían, y de alguna forma, debías tener razón. No en vano, todos te adoraban y te colocaban en lo más alto de un inexistente podio.
En aquellos tiempos, yo era inestable estando detrás tuyo, preguntándome por qué la vida me hacía tan miserable y no me colocaba un paso por delante de tí. Nunca obtuve respuestas a esos asuntos, o al menos cuando las busqué o me interesaron. Obviamente, cuando tu estabas en lo más alto, yo caía en las profundidades de la depresión, como una caída libre, la cual está cada vez más afectada por la gravedad, pero nunca termina de sucedes; es decir, nunca "toqué fondo".
Con el tiempo fui creciendo y mi cabeza fue madurando, igualmente me tomó muchos muchos años sentir tu influencia y tus ondas lejos de mí. ¿Seguiría siendo una "anti"? ¿Seguiría siendo odiada por los demás? Quizás aún sigo buscando, en algún recobeco de mi mente, una respuesta a esas preguntas. No es que espere encontrarlas, ni que les preste atención ahora.
Lo que nunca sentí, cuando tú me decías eso, fue que yo dejaría atrás esa etapa de mi vida.  Que estaría en este mismo momento, navegando los mares con personas que realmente se preocupan por mí; con gente que no duerme, velando por mi bienestar (y no, no hablo de guardaespaldas), que encontraría placer haciendo algo que me dijiste yo le temería: viajar.
Por más loco que suene, salí adelante por mi misma, y todo lo que recibo hoy en día, es gracias a mi propio mérito, a como no me dejé llevar por todo aquello que predecías sobre mí. Hoy no quiero mirar atrás; tampoco hacia adelante: quiero vivir un presente que yo misma diseñé y disfruto. Quiero vivir una y otra vez, las mañanas en las que aún no ha amanecido, y yo ya estoy con una taza de leche en mis manos. Las noches en las que me permito hacer uno que otro esquive de lo normal. Y también quiero disfrutar el verme sonreír.
Porque en un momento tú me habías prohibido la sonrisa.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

¿Simetría?

Apuntes, simplemente apuntes.
"Si tuviera que definir como es mi estilo de vida en una palabra, diría que es asimétrica. Asimétrica porque es imposible encontrar un año que sea igual a otro; asimétrico porque siempre que intento tomar un rumbo, pronto me desvío de ese camino.
Y sin embargo, tengo tendencia a decir que las cosas simétricas son perfectas, y son aquellas cosas tangibles. ¿Existen almas simétricas? De eso no tengo idea, nunca me he cruzado con una.
Tampoco es que intente llegar a esa pura perfección simétrica de la que hablo. Aunque mi vida se ha simetrizado en algunos aspectos: sé reconocer aromas simétricos, melodías simétricas, paisajes simétricos, textos simétricos.
Y si por consiguiente digo que simetría es sinónimo de perfección, entonces déjenme decir que he perfeccionado un poco mi vida asimétrica.".

miércoles, 26 de agosto de 2015

La guerra

Hace poco tiempo atrás, leí un libro llamado "El violonchelista de Sarajevo", de Steven Galloway (muy recomendable, a propósito); el cual tenía como paratexto, la siguiente frase, enunciada por León Trotsky: "Es probable que no te interese la guerra, pero a la guerra sí le interesas tú". Justamente, esta historia trata sobre el sitio y la guerra sufrida por la ciudad de Sarajevo (y aclaro por enésima vez que la "j" se pronuncia como una "i), actual capital de Bosnia y Herzegovina, allá por los años '90, cuando se disolvía Yugoslavia.
Pero hoy no voy a hablar del libro, sino del significado que yo misma le doy a esta frase de Trotsky. Primero, afortunadamente no he vivido ninguna guerra y espero nunca hacerlo; por lo que entiendo "guerra" como problemas, "como un todo complejo" dijera mi profesora de Cívica en un escrito que tuve algún tiempo atrás. Y desde aquí partiré: nunca estuve interesada en crear problemas, crear guerras. Si tuve problemas, yo misma me enredé en ellos. Por eso, concuerdo con la frase: no estoy interesada en crear problemas, porque cuanto más cree, estoy segura que más me vendrán en retorno. Tomando las palabras de Trotsky, no me interesa la guerra.
Ahora, ¿qué pasa cuando a las personas a tu alrededor sí les interesa y gusta la guerra? No solo vivirla, sino también crearla. Creo que me he acostumbrado a vivir en este tipo de guerra, donde parezco ser siempre la víctima o el primer objetivo. La guerra no me ha dejado más que cicatrices y fortalezas, injusticias y conocimientos. Pero la guerra no acabó aún: día a día convivo con ella.
No falta el día que la guerra me haga desplomarme llorarme, sentirme aterrada de aquello que algún día supe disfrutar; esta guerra me paraliza, me hace más débil, más torpe, y más insegura, por sobre todo. Aún así, agradezco a esta guerra por no haber ido tan lejos de hacerme agarrar las tijeras y sus filos, de herirme a mí misma.
Aunque repito, la guerra sigue y la piel ajena me roza aún con brutalidad, las palabras me siguen hiriendo, el rechazo hacia mí crece por parte del "bando enemigo", y sólo aquellas personas dispuestas a ayudarme, comprenden mi dolor y me dan fuerzas para seguir, o al menos para terminar el período de duración fijo de esta guerra. Por esta razón no rezo, simplemente espero, calma y soñadora, tengo presentimientos que lo que viene por delante de mí será mejor, al final de la guerra; tal como los personajes del libro. ¡Ay, los libros! Un gran factor, una causa de esta guerra... Tal como estudiamos en historia, las guerras también tienen sus justificaciones; para el bando opuesto, esta guerra surge porque yo no me quiero unir a ellos. Esto me lleva a pensar que la racionalidad está perdida: las diferencias se aceptan, tal como ese bando repite mecánicamente, pero a aquel distinto que se cruce ante sus ojos, a ese le declaran la guerra.
Y aquí es donde cito a Trotsky de vuelta, pero tomo sus palabras: a la guerra sí le intereso yo.

jueves, 20 de agosto de 2015

El arte de recordar, el arte de viajar

Quise titular este post "putovanje", "viajar" en croata, pero sonaba muy mal, en especial la primer parte de la palabra. Luego "voyage", y "viajar" en muchos más idiomas, pasando por el noruego, el vasco, y el malayo. Finalmente llegué a la conclusión de que el arte de recordar y el arte de viajar son lo que más representa lo que publicaré a continuación: las mejores fotos de viajes (cortos y largos) que he hecho.

Notre Dame un domingo de Pascuas;
gente, rayos del sol, y el Sena.

El sol se pone sobre el Río de la Plata; empieza la tardecita
en Colonia del Sacramento.

Esto es solamente un trocito de Londres, hay que
descubrir el resto.

Me gustan los autos viejos,
por suerte en La Floresta hay muchos.

Uno se siente en el paraíso, y no es para menos,
transitando una ruta panorámica en Lavalleja.

Notting Hill es real.

Mi Las Vegas NO es tu Las Vegas,
por eso me gusta.

 Dicen que cada atardecer es único,
como por ejemplo este en Punta del Este.

Me gustan las formas geométricas en armonía,
como me pasó una vez en José Ignacio.

Detalles que mi ojo (cámara) captó en Versalles.