Hoy, realizando un trabajo acerca del genio de la pintura Pablo Picasso, descubrí un cuadro con el que ya me he topado muchas veces y siempre me ha causado la misma sensación: miedo.
Todo se remonta a hace algunos años atrás, cuando paseaba por los pasillos de un memorable edificio de la costa uruguaya, en la noche. Me dirigía hacia una de las terrazas de ese lugar, más precisamente a la del tercer piso; y antes de ingresar a dicho lugar, se debe pasar por un pasillo amplio, oscuro, y lleno de cuadros y fotos antiguas. Mis curiosos ojos miraban en todas las direcciones, y allí encontraron aquel cuadro que hasta el día de hoy sigue dándome escalofríos por la forma en la que los personajes me miran y los sentimientos que transmiten.
El cuadro muestra a una mujer apoyando su cabeza sobre sus manos, y mirando directamente hacia un vacío, que bien podría ser donde estamos nosotros. A su lado hay un hombre (o al menos a mí me da esa sensación), usando una especie de turbante en su cabeza, y mirando hacia un costado. Ambas personas están en una mesa y allí aparecen también copas. La habitación es sombría, y en el fondo solo se aprecian los colores rojo y azul. Sí, señores; estoy hablando del cuadro "Los dos saltimbanquis".
Desde aquel momento, tuve miedo de cruzarme con ese cuadro, ya que parecía que en cualquier momento uno de los personajes saldría del lienzo, y me hablaría o asustaría. Sin embrago, hoy en día le tengo mucho respeto a esa obra, la cual proviene de la época en la que su autor pintaba personas cuya situación era miserable y pobre. De allí podemos deducir esas miradas tan profundas y llenas de sentimientos.
