-¿Han encontrado su paraíso? Y si lo han hecho, ¿cómo es este?
Desde que la persona que leía las preguntas pronunció la última palabra de aquellas oraciones, mi mente se transportó al paraíso. A mi paraíso; ignorando a todas las demás respuestas que, ordenadamente, se iban contando. Yo estaba muy lejos de allí, al menos mi cabeza: me encontraba en paraíso, envuelta en el verdadero aroma que desprendían las flores en verano, al igual que el aire cálido, que no llegaba a ser sofocante. Mi visión era en tonos cálidos y sepia: amarillos, naranjas, marrones. Todo a mi alrededor era tan distinto y yo me sentía tan en casa.
Hacía tiempo que llamaba a aquel lugar "paraíso", y más aún ahora, que contaba con edad suficiente para entender todo a la perfección, así como vivir cada instante que podía. Lo que más me fascinaba de aquel lugar, eran las terrazas rodeadas de hortensias; seguido por las mesas que formaban parte del bar. Allí las mujeres sostenían elegantemente sus Martinis, mientras que los hombres bebían los fuertes whiskys escoceses. Yo, por mi parte, me consideraba muy joven aún para degustar cualquiera de ambas bebidas. Aunque un pequeño sorbo de vodka no le hacía mal a nadie, ¿no?
Aún era temprano cuando arribé al paraíso, así que no me molestaba en cambiarme mi bañador (o más precisamente, malla) azul marino, junto con el liviano vestido de lino que me cubría. La música ya empezaba a sonar. ¿Soul, jazz, pop barroco? ¿Qué era aquel sonido? No lo sé, pero si me invitaba a moverme lentamente, al igual que muchas de las personas que también se encontraban allí. ¿Quién decía que no existía la felicidad absoluta? Para mí si existía y estaba allí, apareciendo frente a mí.
Cuando uno la pasa bien, todo parece ir más rápido; y así de rápido había caído la noche. En aquel paraíso, tenía mi propia habitación, donde encontré ropa decente para usar en la elegante cena que habría en el restaurante. ¿Qué ordenar? ¿Debería darme un gusto? El caviar no había sido mala opción, después de todo. Después de la extravagante cena, la música apareció otra vez allí; y hasta la pequeña pista se trasladaron mis pies. Bailar sola no me definía como una típica "solterona" o una joven en busca de un hombre rico y mayor, porque yo sabía que no era así; mi rebelde personalidad no encajaba con ninguna de las anteriores etiquetas.
Si bien algunos muchachos de mi edad se habían acercado, y yo bailé con ellos; aquello no era lo que más me interesaba en aquel momento. Mi cabeza parecía envuelta en un sueño, un sueño en paraíso. Sabía que estaba soñando, pero aún así lo disfrutaba. Podía ir allí cuantas veces quisiera y sentirme igual. Yo sí conocía el paraíso, y no lo abandonaría por nada en el mundo.
-Es tu turno- sentí a alguien moverme por los hombros para que hablara. Tragué saliva y pensé las palabras que diría.
-En verdad, yo sí conozco el paraíso; pero... - mi alma rebelde se estaba despertando. -No creo que lo entiendan desde mi punto de vista, no quiero que lo contaminen con sus normalidades. Que tengan buen día- me paré y abandoné el sombrío salón, para huir ahora sí, a mi paraíso.
"Paraíso" es algo que quería escribir desde hacía tiempo. Junté ideas y puse música adecuada para empezar a escribir sobre este tema que nunca dejará de ser una intriga para el Universo.